Guanabacoa en fotos

Martí fue un asiduo visitante de Guanabacoa. Aquí cultivó amistades y participó activamente en la vida cultural de la localidad. A su paso por nuestra Villa, dejó las huellas  de su presencia en las veladas literarias de Guanabacoa.

Las veladas literarias constituyen una manifestación cultural importante de la vida de la nación, que tuvieron gran auge en el siglo XIX. Fueron muy célebres las de Domingo del Monte en Matanzas, donde participaron y surgieron importantes personalidades de la literatura cubana. En este mismo siglo se iniciaron exitosamente las primeras veladas literarias en Guanabacoa, auspiciadas por Nicolás Azcárate, amante de las letras y las artes, quien fue el principal promotor de estas reuniones literarias.

Era Azcárate un jurista destacado que había luchado por la emancipación de los esclavos. Durante su estancia en Madrid, a donde fue a estudiar la carrera de abogado, participó en las tertulias literarias que Domingo del Monte celebraba en su residencia en la capital española. A su regreso, Azcárate aglutinó lo más relevante de la cultura de aquella época en su casa de Guanabacoa, abierta a cuantos deseaban ilustrarse. A ella acudió lo más culto de la sociedad habanera y cubana de aquella época.

El decir popular bautizó la residencia como la casa de las figuras, por las estatuas grecolatinas que ornamentaban sus terrazas. Las fuentes y el jardín exuberante de vegetación, los amplios salones de pisos de mármol blanco y negro, amueblados con buen gusto, fueron el escenario de aquellas primeras tertulias.

Entre los asiduos asistentes se encontraban: Juan Clemente Zenea, María de Santa Cruz, hija de los Condes de Jaruco, Saturnino Martínez, tabaquero y poeta, Luisa Pérez de Zambrana y su hermana Julia, Joaquín Lorenzo Luaces, Felipe Poey y otros muchos.

Las veladas eran el marco adecuado para la recitación y lectura de poemas y composiciones en prosa, y para tratar temas de literatura nacional y universal. Allí se les daba cabida a los nuevos valores y a todos los que desearan asistir, sin distinción de clases sociales, credos, sexo ni ideas políticas. El único denominador común entre ellos era el cultivo de la inteligencia. También se deleitaba a la concurrencia con la ejecución de piezas musicales, y se les obsequiaban dulces y refrescos de frutas naturales.

Nicolás Azcárate había sido fundador del Liceo Artístico y Literario de Guanabacoa, el 24 de febrero de 1861, pero a causa de la guerra del 68, este cerró sus puertas. En 1878, al terminar la guerra, fue reabierto y reanudadas sus actividades culturales.

Desde sus inicios, la noble institución contaba con una biblioteca que permanecía abierta día y noche; allí se ofrecían clases gratuitas de francés, inglés, alemán e italiano, lecciones orales, concursos y representaciones de obras teatrales. Dieron prestigio al Liceo célebres miembros como José de la Luz y Caballero, José Fornaris, Juan Clemente Zenea, Rafael María de Mendive, Domingo del Monte, Gertrudis Gómez de Avellaneda, Felipe Poey y Anselmo Suárez Romero, entre otros muchos brillantes intelectuales de la época. Y como director y fundador,  Nicolás Azcárate

José Martí y Nicolás Azcárate se habían conocido en México. Desde entonces fructificó una entrañable amistad entre ambos. Sobre él escribió Martí:

“Lo poseía el discurso en los días grandes, y se miraba con unción celosa. Se le veía en el hervor del pecho ir y venir la elocuencia fuerte; y se iba solo con los ojos crecidos, a algún espacio vasto, a la tribuna subía seguro, a paso de senador, y la tempestad le centelleaba en el rostro...”

Esta amistad fue un factor importante para la incorporación de Martí a las tertulias literarias de Guanabacoa, quien ya el 15 de diciembre de 1878 figuraba como Secretario de la Sección de Literatura.

Así recuerda el historiador Don Gerardo Castellanos esta floreciente etapa:

“¡Qué tiempos aquellos en que los hombres más célebres en letras y artes evocaban a Guanabacoa con ternura! (...) en todo el ámbito de Cuba, desde Santiago a Pinar del Río, sin excluir La Habana, ninguna ciudad atesoraba ni daba a los aires tanto volumen de cultura, de luces nítidamente cubanas." [1]

Por aquel entonces residía en Guanabacoa la poetisa Mercedes Matamoros. Nacida en Cienfuegos, se había establecido en la Villa, donde permaneció hasta el fin de sus días en 1902. Ella era también una asidua participante de las tertulias literarias. En una ocasión Martí le dedicó unos versos, que según la usanza de la época, le escribió en su abanico, y que hoy aparecen en sus Obras Completas. Dicen estos versos:

 

   

                               A Mercedes Matamoros

 

                               “Como las plegarias, pura;

                                como la cólera, altiva;

                                como tus sueños, triste;

                                como la inocencia, tímida;

                                tú, la doncella garbosa

                                en cuyos ojos anidan

                                blandas miradas de tórtola,

                                trágicas luces sombrías,

                                ¡Mercedes! bien nos las hizo

                                quien dio encomienda a las brisas

                                de que bordaran tu cuna

                                del Almendar en la orilla

                                con hojas de nuestras cañas

                                y flor de nuestras campiñas.”

                                                                              José Martí [2]

 

Pero nunca vibró la Villa con más fuerza que cuando retumbaba en el recinto la voz de nuestro Martí. De entre todas sus disertaciones, se recuerda con especial interés el discurso en “Elogio al Violinista Díaz Albertini”.

Fue el 27 de abril de 1879, velada trascendental en la que Martí ensalza al músico cubano que venía de Europa lleno de gloria. Se encontraba presente el Capitán General Blanco, como visita de honor, rodeado de jefes militares y autoridades españolas. Y en medio de aquel pomposo auditorio ocurre algo insólito que deja perplejos a los prepotentes representantes de la Corona. Dejemos que el historiador Castellanos nos lo cuente en su vívido relato:

“...Iba siendo una magnífica pieza artística: pero parece que ante el saturado ambiente de brillo y lujo, con la sala atestada de vapores y cultura, y la vista de aquella corte de engalanados jefes españoles que mantenían el poder secular de España, le dieron impulsos heroicos, políticos, de recuerdo de la patria esclava, y se elevó olímpicamente, grandilocuentemente hábil, hasta hacer trepidar la tribuna, poniendo contento en los criollos que lo oían e indignación en el Gobierno hispano, que le hizo decir a Azcárate, que estaba a su lado: `Voy a pensar que Martí es un loco... pero un loco peligroso’.” [3]

A más de cien años, Guanabacoa no ha olvidado aquellas brillantes noches literarias. Todavía resuenan entre los muros coloniales de la Villa, los ecos de las palabras del Mártir de Dos Ríos en la velada de Torroella, cuando dijo:

“Vinieron luego para La Habana noches venturosas. ¿Cuándo no lo son las literarias? La cultura remplazó a la cólera: al patio airado, salón elegantísimo; a la noche del vasto coliseo, las noches de la feliz Guanabacoa; a las increpaciones de la pasión, murmullos siempre gratos de blandas y dulcísimas pasiones. Y allá, en la casa de Nicolás Azcárate, uno y no el menos ilustre de nuestros buenos, trocóse el domador de olas en rimador de amores. ¡En cuántos labios delicados resbalan ahora las gallardas y felices estrofas del poeta! Pareció una de aquellas amantes serenatas, lluvia fresca y copiosa de rocío. Vertió el poeta sobre aquellas cabezas elegantes, desatados de lazos de rosas, frescos haces de mayos y abriles!...” [4]

 

[1] Castellanos, Gerardo, Relicario Histórico. pág. 565.

 

[2] En José Martí, Obras Completas, Tomo 17, pág 186.

[3]  Castellanos, G., op. cit. pág. 571.

 

[4]En: Gattorno Rangel, William: Nicolás Azcárate y su época. II Coloquio de Historia Local, Guanabacoa, 1990, Págs. 6-7.

 

Escrito por:

 

Mireya Báez García

 

Profesora de la Carrera de Estudios Socioculturales 

 

Sede Universitaria de Guanabacoa

 

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