En lo alto de una loma, junto a los manantiales de La Cotorra, se divisa una cruz de madera. Es este el homenaje que el pueblo guanabacoense rinde al indio Bichat. Los orígenes del antiguo personaje se pierden en los recuerdos de la historia. No existen datos exactos de su vida, y ni siquiera se han podido hallar sus restos, pero los más antiguos historiadores nos hablan de su paso por este pueblo, de sus obras y de su vida solitaria y misteriosa.

La Loma de la Cruz, Guanabacoa

Vivía en un humilde bohío en la cima del cerro, y por las noches, resplandecían en su interior llamas rojizas que despertaban la curiosidad de los vecinos. Era que el indio encendía una fogata en honor de su imagen de Jesús de Nazaret.

Cuadro en la Ermita de Potosi, Guanabacoa

Transcurría la primera mitad del siglo XVI. Muy pocos aborígenes quedaban en la zona habanera; algunos se ocultaban en bosques y palenques; el resto languidecía confinado en los corrales de Guanabacoa,  modelando sus burenes y vasijas de barro, o cultivando las parcelas para vender después a los blancos la yuca y el casabe. Alrededor crecía el incipiente pueblo colonial.

Pero Jusepe Bichat permanecía solitario en su choza, acompañado solamente por la famosa imagen pintada sobre madera, que había adquirido en una feria de La Habana. Siempre andaba solo, no se sabía de qué vivía, y quizás su único sostén fueran las limosnas de las familias y de los religiosos del lugar.

Atraídos por aquella figura, los creyentes comenzaron a visitar la humilde choza, convirtiéndola en lugar de culto y veneración. Iban haciéndose célebres los milagros de aquel Cristo, defensor de los humildes, cuya más profunda y uni­versal máxima era el amor entre todos los humanos. Allí le llevaban flores y ofrendas, hasta que el  cerro llegó a ser un sitio de santidad cristiana.

Choza en homenaje al indio Bichart

Choza en piedra construida en los jardines de La Cotorra en homenaje al indio Pichart

Por aquel entonces se erigía, en una colina cercana, la Ermita de la Inmaculada Concepción. Tal vez por el consejo de sus buenos amigos o por el temor de ser desposeído de su querida imagen, el indio Bichat decide trasladarla al santuario, pero este se encontraba muy deteriorado y era necesario hacerle antes una reparación.

Ermita de Potosi

 

Dicen los historiadores que el indio asumió con fervor la obra de restauración y ampliación, pidiendo limosnas y auxilio a todos y trabajando sin cesar. A fines de 1675 quedó concluida la Ermita y la famosa imagen fue colocada en uno de sus altares.

Altar de la ermita de Potosi

No se sabe cómo se las ingenió Bichat, pero al poco tiempo, el Cristo ocupaba el sitial de honor, desplazando a la imagen de la Inmaculada  Concepción.

Inmaculada Concepcion

A partir de ese momen­to, la pequeña capilla es conocida como la Ermita del Señor de Potosí. Es este el monumento arquitectónico más antiguo que se conserva en Guanabacoa, situado en el interior del Cementerio Municipal.

Contaba Guanabacoa en aquella época con otra ermita, la de Nuestra Señora de la Candelaria, en las inmediaciones del actual Convento de Santo Domingo. Su capellán era un religio­so dominico que, por su devoción a la imagen de Jesús, quiso llevársela a su templo, pero no queriendo desposeer a la del Potosí de su tesoro, mandó hacer una copia con la autoriza­ción del Obispo, para que los dos recintos tuviesen la ima­gen.

 Dice el historiador Nuñez de Villavicencio que era tal la semejanza entre ambas, que si se confundiesen, no podría afirmarse cuál era la original y cuál la copia. Solo una hila sobre la mano y otra casi imperceptible sobre la frente distingue la que pertenecía al indio, que tiene, además, una ligera opacidad atribuida al humo de los leños con que la iluminaba.

 Bichat abandonó entonces su choza y se instaló en el templo. Allí permaneció hasta el fin de su vida, que al decir de los entendidos debió ocurrir entre 1681 y 1685. Según cuenta la tradición, el indio quiso ser enterra­do a los pies de su imagen y seguir cuidándola, aun después de su muerte. El cuadro se conserva aún en el Convento de Santo Domingo.

Para perpetuar la memoria del indio, los fieles del pueblo colocaron una cruz de madera en lo alto del cerro, que era remplazada periódicamente cada vez que se deterioraba. En 1786, Fray Manuel de Soto, lego profeso del Orden Seráfico, sustituyó la existente por una mayor en acto solemne y con la participación de autoridades y vecinos.

 La Loma de la Cruz, Guanabacoa

El propio fraile llevó la cruz a cuestas, encabezando una gran procesión. El lugar fue declarado Monumento religioso y de antigüedad por el Cabildo de 5 de marzo de 1862, y se prohibió que se hiciera merced de sus terrenos en treinta varas a la redonda.

La raza indígena desapareció de Guanabacoa apenas sin dejar rastros, pero en La Villa se conserva aún, en la cúspide del cerro, la modesta cruz en homenaje a la figura del indio, símbolo que encarna la pureza y la bondad de aquellos que en tiempos remotos habitaron nuestros suelos.

Por: Mireya Baez García

Profesora de la Carrera de Estudios Socioculturales Sede Universitaria de Guanabacoa

^ Top