Para cualquier pinareño acudir a una institución que atiende los trámites de los ciudadanos, una entidad de servicios o comprar en una unidad gastronómica puede resultar molesto y es que la mayor parte de los usuarios-clientes- consumidores en vueltabajo sufren a diario el maltrato y la falta de comunicación evidentes en esos y otros espacios...

El tema llama a la reflexión. No hay que ser un especialista en sociología ni nada por el estilo para advertir sobre la evolución de este fenómeno de desprofesionalización asfixiante en la sociedad; dicho en buen cubano le echa a perder el día a cualquiera.

Las garras del deforme se hacen palpables en las oficinas de la vivienda: mientras un buen socio demora alrededor de un mes para adquirir la actualización de la propiedad de su morada; un ciudadano de a pie, luego de incontables visitas a la entidad, tarda seis o más meses en la gestión y no recibe una respuesta convincente.

Otras vivencias ocurren reiteradísimas veces en las instalaciones de salud pública. De nada sirve madrugar para ver al médico especialista; aunque seas el primero en la cola, entras a las 11:00 am y más de la mañana, porque antes que tú, están los amigos del médico, de la enfermera o del amigo del amigo de los galenos.

Y si por casualidad te diriges al coppelia para degustar unas bolas de helado, por el contrario, acabas con una mala digestión

: el tiempo en la espera del servicio da la sensación de que corre hacia atrás; a la dependiente le molesta que preguntes cuál es la oferta del día a pesar de no haber una carta y encima de ello, en muchas ocasiones la cuenta viene alterada, solo por citar algunos "disgustos".

Ya escasean los "buenos días", "en que puedo ayudarlo", "por favor", "descuide que le daremos respuesta en el menor tiempo posible", "desean algo más". Caras malhumoradas, respuestas desagradables y deterioro de la ética profesional apagan poco a poco la integridad inherente a los cubanos.

Existen carencias materiales asociadas a los bajos salarios y la insuficiencia de estímulos laborales; pero estos inconvenientes no pueden justificar la desatención e indisciplina de quienes laboran en las recepciones, departamentos de atención a la población, tiendas, escuelas, hospitales o mostradores.

En toda sociedad y específicamente en la nuestra, el trabajo es esencial; pero no por ello hemos de permitir que decaigan los valores individuales y colectivos, el respeto a las tareas que desarrollamos y a las personas que precisan de nuestra gestión.

El objetivo es mantener la armonía social para bien de la ciudadanía y por ello la dosis máxima de paciencia no puede faltar; pero que también hay que reclamar lo que por derecho como clientes nos corresponde y no mantener una postura conformista.

Apremia el tiempo de conceder a la vocación profesional el rol predominante que merece, o al menos la certeza de las aptitudes indispensables de acuerdo a cualquier oficio. Debe primar el rigor a la hora de elegir a las personas que trabajen directamente con la población, ellas constituyen el rostro de los establecimientos de El éxito: comenzar por descubrir la alegría de ser útil a los demás.

Escrito por Yanet Pérez Hernández / Foto: Roberto Morejón Guerra
27-12-2013

http://www.guerrillero.cu/index.php/opinion/nuestros-periodistas/4048-donde-esta-la-integridad-y-versatilidad-social

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