¿A quién no le gusta escuchar un poco de música? ¿Qué cubano no disfruta de lo lindo sudando mientras tira su pasillo, o quién no se siente más motivado a realizar las tareas hogareñas acompañado por temas de su música preferida? Es que para alegrar el alma, el espíritu, bailar, disfrutar y entretenerse, no hay nada como un poco de melodía.

No importa si el género es rock and roll, salsa, timba, merengue, bolero, mambo, cha cha chá, reggaetón, feeling, música clásica, o cualquier otro, pues todos tienen un público que lo disfruta, sigue y agradece. Sin embargo, en medio de este tan convulso mundo, ya se ha vuelto usual que cada uno intente imponer su gusto musical al resto de los ciudadanos sin -por supuesto- pedirle autorización.

En los barrios no resulta nada raro escuchar a todo volumen los acordes que prefiere este o aquel vecino, a quien por demás, no le gusta perder el tiempo examinando si la hora es apropiada para esto. Pero sin lugar a dudas, el sitio más singular respecto a este tema, son los interiores de las guaguas locales. Da lo mismo si tomamos como ejemplo a un P-5, P-10, 222 o 55, todas muestran similares situaciones. Si ha montado usted en alguna de estas guaguas, estoy segura sabe de que estoy hablado.

Después de un agotador día de trabajo, cientos son los cubanos que para llegar a sus casas utilizan el transporte público, específicamente, las famosas guaguas locales. Primero es imprescindible pasar por la amargura de abordarlas en alguna de sus paradas, digo, si es que para y en medio del molote y la matazón es uno de los afortunados en montarla. Y es aquí donde comienza el derroche de “cultura” si de música se trata, pues varios son los individuos que conformarán la agenda musical del día.

¿El primero? Por supuesto que el conductor, quien para evitar que nos quedemos dormidos o entretenidos ya nos trae conformada una “agradable” lista de reproducción, donde casi siempre prevalece el reggaetón en medio de muy altos decibeles. Y a partir de ahí la fiesta se hace cada vez más interactiva cuando varias personas que no concuerdan con lo escogido por el conductor también exhiben -gracias a sus reproductores- listas musicales más acordes con “nuestros intereses”.

Y así la historia se repite una, dos, tres… varias veces durante todo el viaje. Cuando una lista de reproducción llega a su destino final y baja del ómnibus, dos lo abordan, mientras los pasajeros que continúan viaje y no forman parte de la élite encargada de seleccionar la música de fondo, comienza a sentir que su cabeza podría estallar muy pronto, pues el ruido se acumula con el cansancio, lo agitación del día, la gran cantidad de pasajeros y la “comodidad” del viaje, hasta formar una mezcla nada agradable.

¿Será que las personas no son capaces de comprender que el ruido es una fuente de contaminación? ¿Por qué si es usted el interesado en escuchar una música que considera agradable a sus oídos se empeña en compartirla con todos? ¿Conoce usted los estados de ánimo de sus acompañantes? ¿Es muy difícil entender que los gustos, sentimientos y necesidades de todos los individuos no siempre son los mismos?… Varias son las interrogantes que se imponen cuando de convivencia se trata, aunque esta sea solo por varios minutos.

Si bien es cierto que la música es muy relajante, también hay que destacar que puede ocasionar efecto contrario cuando lo que se escucha no es agradable al receptor, el volumen es demasiado alto o converge con otros sonidos hasta convertirla en solo un ruido.

Innegable es que el auge de las nuevas tecnologías ha proliferado el uso de dispositivos de reproducción móvil, lo que verdaderamente no podemos afirmar es que sea del todo malo, pues no son los equipos, sino los individuos, los que al usarlos en demasía perdemos la noción de lo correcto. En medio de tanto conflicto, se impone aprender a disfrutar y sobre todo, a vivir en armonía. Nunca es demasiado tarde para reflexionar, pero la solución solo depende de ti. Aunque no olvidemos controlar nuestras costumbres, pues tampoco es aconsejable enajenarse por completo del mundo gracias al poder de los audífonos. Más que blanco y negro, este mundo está lleno de colores, pero hay que aprender a observarlos, que va más allá de solo mirarlos.

Colaboración de la editora de Cybermambí para este blog.

Dunnia Castillo Galán cubaxdentro@yahoo.es

http://cubaxdentro.wordpress.com/2013/10/22/msica-para-m-para-ti-o-para-todos/

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